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• Palencia se vuelca en el
Cerro del Otero
• En la senda del
recogimiento
• Penitencia climatológica
en el camino al Huerto de los Olivos
• Cantando a la Virgen
• La elevada participación
caracteriza también la última procesión
• Palencia rompe el luto de
la Virgen por la muerte de su Hijo |
Los niños
volvieron a recuperar
protagonismo portando el velo de
la Virgen después del Encuentro
24 DE MARZO DE 2008
RAQUEL
MARTÍNEZ.
/ NORTE DE CASTILLA

El silencio, el recogimiento y el luto de los días
de Pasión dieron ayer paso a la alegría, la luz y el blanco más
inmaculado, todos ellos personficados en la imagen de la Virgen del
Rompimiento, único paso procesional que desfiló ayer por la mañana,
en la procesión del Domingo de Resurrección o del Rompimiento del
Velo.
Los cofrades madrugaron ayer para celebrar la fiesta de la
Resurrección de Cristo y se desprendieron de los capuchones que
durante los días de Pasión les han servido para vivir el
recogimiento y hacer penitencia en el más absoluto de los
anonimatos. Antes de celebrar el acto central en la Plaza Mayor, las
cofradías discurrieron por las calles de la ciudad en dos
procesiones diferentes que se unieron después en la plaza
capitalina. Por un lado partió la procesión con el Santísimo, cuyo
brazos del palio fueron portados por un representante de cada una de
las ocho cofradías palentinas. La Virgen del Rompimiento, cargada a
hombros por los hermanos de la Santa Vera Cruz, hermandad
organizadora del desfile, siguió otro recorrido hasta llegar a una
Plaza Mayor en la que, a pesar de que apenas eran las 9.30 horas de
la mañana, numerosos fieles esperaban atentos y bien abrigados para
ver la ceremonia del rompimiento del velo.
El encuentro entre el Santísimo y la Virgen del rompimiento se
materializó en el momento en que un cofrade de la Vera Cruz despojó
a la imagen mariana del manto negro que sólo dejaba al descubierto
sus manos. Fue entonces cuando la Banda Municipal de Música comenzó
a tocar y los cofrades que portaban a la Virgen hicieron tres
genuflexiones ante el palio del Santísimo que se encontraba
enfrente. Algunos niños vestidos de cofrades, en representación de
sus hermandades, se encaminaron entonces hacia la imagen de la
Virgen para llevar después en la procesión el velo negro con el que
había estado cubierta desde el Viernes Santo y del que se la despojó
ayer, tras la resurrección de su hijo.
Tras la ceremonia del Encuentro, las dos procesiones unificadas
salieron de la Plaza Mayor y discurrieron después por Don Sancho y
la Calle Mayor hasta llegar a la iglesia de San Pablo, donde se
celebró una eucaristía que finalizó con el canto de la Salve.
Con la procesión del Rompimiento del velo se puso fin a una semana
de procesiones diarias caracterizada por la alta participación de
cofrades y público, a pesar de las bajas temperaturas.
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Pese a no ser el
acto más multitudinario de toda la Semana Santa, el ‘Rompimiento
del Velo’ contó con buena participación de público
24 DE MARZO DE 2008
JUAN PABLO AUSÍN
/ DIARIO PALENTINO
Amanecer de luz y claridad en Palencia capital
para despejar los velos del luto. Más que despejar, romper, ya
que se celebraba en la Plaza Mayor el acto central del Domingo
de Resurrección: el Rompimiento del Velo.
A las 9,30 horas confluían sobre el ágora palentino los
protagonistas de este feliz encuentro: por el norte el Santísimo
bajo palio, escoltado por los hermanos mayores de cada cofradía
palentina, las autoridades y la Banda Municipal de Música; y por
el sur la Virgen María, de riguroso luto aún por la pérdida de
su hijo.
La expectación popular era máxima, pese al madrugón, y el
público que acudió a ser testigo de tan significativo momento
del Evangelio contenía la respiración en espera del desenlace.
Sólo la música y el estallido de los cohetes rompieron el
silencio que en apenas unos segundos tomó la Plaza Mayor
mientras la Virgen María era despojada del manto de terciopelo
negro bordado en oro que la cubría.
Una vez coronada, rompía todo el aforo en aplausos mientras los
cofrades de la Vera Cruz, titular y responsable de llevar a cabo
esta procesión iniciaban el camino de retorno escoltando a la
Madre de Dios en la procesión de posterior al encuentro.
Amanecer gélido
Como ya queda dicho, la
mañana había comenzado fría, muy fría, pese a lo que ya desde el
arranque de los actos del Domingo de Resurrección un buen número de
personas venidas no sólo de Palencia y su provincia habían desafiado
al clima -uno de los grandes protagonistas de la Semana Santa pese
al deseo de todos- para tomar parte de la representación y los
desfiles que comenzaron poco antes de las nueve de la mañana.
Desde los entornos de la iglesia de San Pablo, base de los cofrades
de la Vera Cruz, hasta la Plaza Mayor, la comitiva fue llamando a
los palentinos a tomar parte en uno de los actos más enraizados de
la tradición penitencial de la ciudad.
Y es que, pese a que no es de las representaciones más
multitudinarias (nada que ver en cuanto a público con procesiones de
la tarde como las del Jueves Santo, o de la mañana como la del
Viernes Santo), o tan novedosa como la procesión nocturna del
Silencio, el Rompimiento del Velo es uno de los momentos más
esperados aunque su realización suponga el fin de los actos de la
Semana Santa hasta el siguiente año.
Tras el mismo, y ahora
todos juntos puesto que la llegada a la Plaza Mayor fue por dos
frentes, las cofradías tomaron el camino de vuelta al templo
dominico de San Pablo donde, como cada año, se impartió la bendición
a todos los presentes y se dio por concluida la Semana de Pasión.
Novedades
Sin embargo y pese a la
tradición de esta jornada, desde la cofradía de la Vera Cruz ya
piensan en cómo darle una nueva vuelta de tuerca.
El propio Cayo de Juan, hermano mayor de la hermandad, tras celebrar
el buen remate de la fiesta, afirmaba que están planteando añadir un
paso a esta procesión con la imagen del apóstol favorito, San Juan,
como ya existe en otros puntos de España donde el encuentro se hace
a tres bandas.
Una de las tradiciones más enraizadas de la Semana Santa palentina y
que, no por ello, deja de tener seguidores, volvió ayer a concitar
toda la atención del final de una celebración mejorada año a año.
Y como ya ha pasado con toda la celebración en sí, que en los
últimos años ha visto incrementarse tanto el número de pasos como de
procesiones, también el Rompimiento del Velo tiene cabida para
novedades que le den otro enfoque.
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La soprano Consuelo Bravo dedicó una canción a Nuestra Señora de la Vera Cruz desde un balcón
21 DE
MARZO DE 2008
RAQUEL MARTÍNEZ.
/ NORTE DE CASTILLA 
La austeridad que
caracteriza a la Semana Santa
castellana y, por consiguiente a la
palentina, se rompe en contadas
ocasiones con gestos más
característicos de las procesiones
que se celebran en Andalucía, en las
que las palmas y las saetas se
convierten en protagonistas.
La procesión de la Oración del
Huerto, que recorrió ayer las calles
del centro de la ciudad, es uno de
los pocos desfiles que rompe el
silencio que preside las procesiones
palentinas logrando arrancar los
aplausos de los fieles cuando ven
pasar por delante de sus ojos pasos
procesionales tan monumentales como
la Santa Vera Cruz o la Virgen del
mismo nombre, que además son
portados a hombros por centenares de
cofrades.
El paso de la Vera Cruz por los
Cuatro Cantones se convierte cada
año en uno de los momentos más
emotivos de la procesión de la
Oración del Huerto, ya que los
cofrades tienen que levantar la
imagen a pulso para sortear los
bolardos que hay en este punto de la
ciudad. Los fieles, conocedores de
la espectacularidad del momento, se
apostillan en la intersección de la
Calle Mayor con Don Sancho para ser
testigos del desfile. Pero ayer hubo
un lugar en la Calle Mayor, cercano
además a los Cuatro Cantones, en el
que también se arremolinó el público
cuando empezaron a escuchar las
primeras notas de una canción que
provenía de uno de los balcones. La
soprano vallisoletana Consuelo Bravo
dedicó un dulce 'Ave María' a la
imagen de la Vera Cruz, con el que
consiguió romper el recogimiento de
los cofrades y emocionar a los
fieles.
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Saludo de cortesía. El paso del
‘Lignum Crucis’ rompió la formación para cumplimentar al
Nazareno al paso de la procesión por delante de su capilla
21 DE MARZO DE 2008
JUAN PABLO AUSÍN
/ DIARIO PALENTINO
Suele ser habitual, pero este año se ha
convertido en norma que la penitencia que esta tierra impone a
los cofrades se cobre en frío. Y así ocurrió también, como ha
sucedido durante todos estos días, en la procesión más
multitudinaria de toda la Semana de Dolor, la de la Oración en
el Huerto que, sin embargo, no dejó de contar con miles de
personas a su paso para arropar a los penitentes y
procesionantes, al menos en su primera fase.

Se recreaba la procesión de la Oración del Huerto, pasaje en el
que Jesucristo sufría la última tentación antes de ser
traicionado y prendido para su ajusticiamiento, y las cofradías
convocadas por la Vera Cruz acudían a la llamada como cada
Jueves Santo, en masa para procesionar con todo el boato propio
de la fecha, pese a todo, llevando consigo la imaginería de cada
episodio de la Pasión.
Quienes sin duda más notaron las inclemencias y rigores, no sólo
del tiempo, sino también de la procesión, fueron aquellos que
incrementaban su expiación particular portando los pasos,
estandartes y cruces que completaban la formación. El viento,
siempre cortante, dio un extra de sentido a la disciplina de los
encapuchados.
Partía la procesión ya fuera del horario, desde la plaza de San
Pablo con un bonito detalle por parte de uno de los pasos
principales, el de la Santa Vera Cruz o Lignum Crucis que, sin
haber recorrido aún cincuenta metros, rompió la formación para
asomar al interior de la capilla de los Nazarenos y cumplimentar
así a la imagen titular del templo y la cofradía.
Pasos. El Lavatorio de Pies, la Última Cena, la Oración en el
Huerto, las Lágrimas de San Pedro, la Coronación de Espinas, el
Cristo Atado a la Columna y Nuestra Señora de la Vera Cruz eran
algunos de los pasajes bíblicos que recorrieron la Calle Mayor y
parte del centro de la capital rompiendo, con los acordes de las
bandas que dirigían el paso, el silencio de recogimiento previo
a los aplausos de admiración que levantaban con cada dificultad
salvada a lo largo del recorrido.
Más de tres horas y media de desfile antes de afrontar la
procesión del Silencio y Penitencia dan una idea del esfuerzo
planteado por las cofradías a la hora de dar grandeza a una
Semana Santa Palentina que, patrimonial y sentimentalmente, se
ha visto crecer de forma exponencial en los últimos años.
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Centenares de personas acompañan a ‘Nuestra Señora del Dolor’ y al
‘Cristo de la Vera-Cruz’ en la ‘Procesión del Santo Rosario’
17 DE MARZO DE 2008
PILAR GIMENO
/ DIARIO PALENTINO
Iniciado el ciclo de la Pasión con
la entrada de Cristo en Jerusalén, se celebran algunas
procesiones que están volcadas en la oración. La primera es la
del Santo Rosario del Dolor que, recuperada en 1999 después de
que dejara de salir cuarenta y dos años, se celebró ayer domingo
por las calles de la ciudad con la compañía de centenares de
personas.

Su
origen se remonta a 1588, aunque la forma del desfile ha variado a
lo largo de los años,
ya que el rezo del Rosario sustituyó al inicial Vía Crucis. En la
actualidad, el cortejo sirve para rezar durante el recorrido del
Rosario, una oración integrada por salutaciones a la Virgen a través
de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. Si en el origen de
esta procesión, la Cofradía de la Vera-Cruz, que es la organizadora,
acercaba la imagen de Nuestra Señora del Otero hasta la Puerta de
Monzón, ubicada donde hoy se inicia la Calle Mayor, y luego hasta la
Catedral, desde que se recuperó en 1999 desfilan dos imágenes,
Nuestra Señora del Dolor y un Cristo Crucificado.
La procesión llevó hasta el punto más alto de la ciudad a las dos
imágenes, siendo en todo su recorrido portadas a hombros de
cofrades. Durante el recorrido se rezó el Santo Rosario, en la
Parroquia de María Estela el primer y segundo misterio, en la de San
Ignacio y Santa Inés el tercero y cuarto y en la ermita del Cerro
del Otero, el quinto y la Letanía, justo en el momento en que se
empieza a descender. Éste fue el momento más emotivo, ya que al
descender desde el Cerro del Otero, ya caída la noche, cada cofrade
(no acudieron a la llamada todas las hermandades) porta una antorcha
encendida, conformando una impresionante estampa y congregándo a
cientos de vecinos y curiosos. La Cofradía organizadora del desfile
estuvo en la tarde de ayer acompañada por formaciones hermanas de
Carrión de los Condes, Osorno, Dueñas, Baltanás, Herrera de Pisuerga
y Valladolid.
Uno de
los aspectos que distinguen a este desfile del resto de procesiones
de Palencia es que siguiendo las directrices del Obispado, que
recuperó esta tradición, sale de la periferia concretamente a los
barrios de la capital palentina. El buen tiempo y la jornada de
oración fueron los protagonistas de una procesión en la que todo
salió con normalidad, según la Policía Local.
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La procesión
del Santo Rosario del Dolor,
organizada por la cofradía de la
Santa Vera Cruz, acerca al
Cristo los desfiles de Semana
Santa
17 DE
MARZO DE 2008
R. MARTÍNEZ.
/ NORTE DE CASTILLA
Dos de los emblemas de la capital palentina, la
estatua del Cristo del Otero -que desde su cerro recibe a los
turistas que entran por la capital desde la carretera de Santander-,
y la Semana Santa -declarada de Interés Turístico Nacional-, se
unieron ayer gracias a la celebración de la procesión del Santo
Rosario del Dolor, organizada en la tarde de ayer por la cofradía de
la Santa Vera Cruz.

Las palmas, el colorido y la música de las cornetas y de los
tambores que interpretaron en la procesión de la Borriquilla las
cinco bandas participantes, dieron paso por la tarde al recogimiento
y al silencio, sólo roto por la música que tocó la banda de la Santa
Vera Cruz. Asimismo, los niños que con sus palmas animaron la
procesión de Ramos, dejaron por la tarde paso a los cofrades
penitentes, que recuperaron los capuchones que vistieron en el
desfile de la Piedad del sábado y que seguirán llevando en el resto
de las procesiones que se celebrarán hasta el próximo domingo de
Resurrección.
Conmovedora estampa
La procesión del Santo Rosario del Dolor es, junto a la de
la Piedad, la única que acerca los desfiles procesionales a los
barrios de la capital y la que deja algunas de las estampas más
conmovedoras de toda la Semana Santa palentina, como es el momento
en el que todos los cofrades bajan del cerro del Cristo iluminando
su camino únicamente con la luz de las velas que portan y las que la
cofradía entrega a los fieles para
que
acompañen la procesión.
Junto a los cofrades de las hermandades, decenas de fieles -mujeres
sobre todo que iban rezando el rosario- participaron en el desfile
procesional acompañando a la imagen de Nuestra Señora del Dolor, una
talla del siglo XIX que fue portada a hombros por una decena de
cofrades. Delante de ella procesionaba también a hombros de varios
hermanos penitentes la imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz,
una talla flamenca del siglo XV.
A los cofrades de las hermandades palentinas se unieron en su
recorrido hasta el Cristo los miembros de cuatro cofradías llegadas
desde Carrión de los Condes, Dueñas, Grijota y Valladolid, y que
casi superaban en número a los hermanos de las hermandades de la
capital, entre los que destacaba la ausencia de algún representante
de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.
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